jueves, 24 de enero de 2013

UNA PINTORA FRENTE AL FANATISMO ISLAMISTA



Amnah al Nasiri es un bonito nombre de mujer.
Detrás de él se esconde una notable profesora de filosofía y sobresaliente pintora, en uno de los países más complicados políticamente y más fanatizados religiosamente del mundo. En eso se ha convertido Yemen, que era un mosaico de culturas y civilizaciones, donde diferentes razas y religiones convivían con respeto.

Estudió en Moscú (Rusia mantenía a Yemen como aliado en África), tiene su estudio en Sana, la capital yemení, y es la artista más cotizada y respetada entre la clase rica de su país, siendo igualmente un éxito sus exposiciones internacionales (Alemania, Italia, etc).






Al Nasiri está divorciada, algo poco habitual en los países islámicos, y es profesora de filosofía en una universidad (igualmente una rareza en los países muy islamistas).

Desde su posición como personaje público denuncia en cualquier entrevista el islam intolerante que impera ahora en Yemen y que, gracias a la pobreza del país, usa el dinero para acercarse a unos jóvenes cada vez con menor nivel cultural y educativo. Éstos caen fácilmente en sus proclamas y redes cuando les ponen la religión como salida a los problemas.


Amnah siempre recuerda su adolescencia, cuando ninguna mujer estaba obligada a llevar hijab (pañuelo en la cabeza), y sin embargo hoy, en poco mas de una década, el cambio es radical y las mujeres deben cubrirse totalmente con nyqab (vestimenta negra que sólo deja ver los ojos) para no desatar la ira de los grupos religiosos que controlan la sociedad yemení.


De igual modo lamenta la imagen exterior de su país, del que jamás se muestran buenas noticias. Se enorgullece de que nunca la han censurado, y opina sin morderse la lengua sobre los fanatismos. Defiende que Yemen es un país con una música y arte muy vivos y diferenciados del resto de África, y lamentablemente los fanáticos intentan acabar con todo, pero aún les cuesta, porque hay tolerancias muy arraigadas en la sociedad yemení desde hace siglos.


Afortunadamente los islamistas radicales no han conseguido (aún) en Yemen fanatismos tan asentados en Arabia Saudí (su vecino) como la segregación de sexos en actos públicos y escuelas. Yemen, tolerante durante siglos por seguir las leyes beduinas, daba importancia a la mujer y en sus universidades todavía las clases son mixtas. Y hay movimientos feministas.


Cuando le preguntan por qué sigue en Yemen y no se ha marchado a Europa, responde que su familia, su tierra, su gente son Yemen, y que la situación ya es tan mala que no puede ir a peor. Entiende que la educación es la base del cambio, y mientras pueda seguirá dando clases para tratar de mostrar a los jóvenes que religión y política deberían ir por separado, y que los yemeníes nunca deberían perder su capacidad de pensar, de crear y de respetar al prójimo.






No hay comentarios:

Publicar un comentario